03/01/08

Sueños & libros

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Y mi corazón de pasiones inflamado,
de ilusiones y sueños que quedaron
en brumas, en nada...


Cuanta magia despertasteis libros,
que bien tejisteis historias en mi mente,
palabras,
con que dulzura me ofrecisteis pasiones,
sorbo a sorbo,
página a página.

Que cruel despertar y ver
que la vida fuera de vosotros
no vale nada.

15/09/07

En la alta cumbre

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Allá en la alta cumbre,
cuan solitaria espiga,
allá volará mi alma
cuando mi cuerpo desista.

En donde viento y silencio
a un mismo tiempo caminan,
allá estará mi alma
hasta el final de sus días.

14/09/07

Una mirada un hechizo

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Una mirada un hechizo
al que mi alma muro no ha conseguido poner,
unas palabras que adoro
con las cuales me gustaría yacer.

Miro tu boca y deseo
en ella poderme perder.

Beberás de mi inerte cuerpo
bajo esta luna silenciosa,
bajo esta pálida luz
que da brillo a mis lágrimas.


Oirás mis gemidos
perderse en el eco de las horas,
en el silencio de la noche,
entre tus sabanas rotas.

Atrápame,
atrápame entre tus brazos,
entre tú y una fría pared,
atrapa mi alma entre lazos
que el corazón no logre romper.

Son solo palabras

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Son solo palabras
pero dime que alguna rozó tu corazón,
dime que alguna te inspiró ternura,
quizás alguna otra pasión.

Son solo versos que escribo
para mendigarte amor
con la esperanza de que al leerlos
sientas lo que siento yo.

Son solo palabras,
tan solo lágrimas de tinta,
emociones en papel,
son solo ilusiones de niña
que al pensar en ti se hace mujer.

Son solo palabras, lo sé,
pero dime que alguna acarició tu alma,
dime que alguna te besa,
dime que alguna te abraza,
dime que junto a alguna de ellas
despiertas cada mañana.

Que acordes tan negros

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Que acordes tan negros pinté hoy,
con mi dedo manchado en tiza,
con el rumor de unas palabras
resonando en mis costillas.

Que acordes tan tristes pinté hoy,
entre hojas heladas de cristal tintando,
entre manos que aferran la soledad
y no la dejan marchar de su lado.


Dime río de aguas negras,
¿qué espectro en tus orillas se refleja?
¿Qué alma perdida vaga
a la sombra de miradas pétreas?

Apacible melodía de ánima siniestra,
que desangra gélidos corazones
y chupa las ponzoñosas heridas
que el tiempo en su pasar crea.

En mi pecho una lágrima callaba

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En mi pecho una lágrima callaba
lo que mis ojos no podían esconder,
brazos que, como ramas,
los recuerdos intentaban recoger.

Castillo melancólico,
¿quién canta de negro en tu torre?
¿Quién grita al viento palabras
que nadie a recoger corre?


Dime Destino que fue
de aquello que yo deseaba,
de aquello por lo que rezaba
como una niña a tus pies.

Y en mi pecho clavada una daga
aun que sangre no brota de él,
sigue esperando que pase
el pasado que no pude tener.

Dime qué ves amor

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Dime qué ves
cuando miras mis ojos,
cuando tocas mi piel.

Dime qué ves,
cuando una sonrisa se dibuja en mi cara,
cuando en mi rostro escondo mil lágrimas.

Y dime qué ves,
cuando al acercarte a mi cuerpo
se aleja de ti mi alma,
cuando con tus palabras
mi pequeño corazón sangra.

Yo sé que ves amor,
no ves nada,
me he puesto una máscara para ocultarme de ti,
y tu una venda para no verme a mí.

Y en tus ojos

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Y en tus ojos vi el brillo de los míos
en la cálida mañana,
donde ayer vi tu rostro
y hoy no veo nada.

Donde el pájaro se posa
a permitir su descanso,
donde el amor aguarda
la vuelta de lo pasado.

Triste río que llevas
en tus aguas triste canto,
triste recuerdo de ayer,
triste recuerdo olvidado.

Y vi un mundo, paraíso,
en donde no había desdichas,
en donde no había fantasmas,
en donde el alma no olvida.


En esa cálida mañana
donde ayer vi tu rostro
y hoy no veo nada.

Donde el poeta reza
a la sombra de su álamo,
donde la pluma espera
escribir lo deseado.

Triste espíritu, así vago,
por las sombras de un presente
que desearía ser pasado,
por las sombras de un pasado
tristemente olvidado.

Mundo cruel que ríes mi pena

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Mundo cruel que ríes mi pena,
frío, odioso, despiadado,
de las lágrimas haces tus mares,
te ensañas con mi alma destrozada
buitre que la carroña comes.

Vives por las muertes de los hombres
que vivir en ti quisieron.

Mundo cruel que ríes mi pena
mira la criatura que creaste,
triste, minusválida y sola.

El jardín del "tiempo-mente"

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Por suerte o por desgracia vivo en un mundo triste condenado a la eterna caída, sin ilusiones ni esperanzas. Gracias a esto baso mis actos en solo uno, la evasión. Mis ojos, siempre grandes y oscuros, parecen ver cosas que los demás no ven, no sé si por ceguera normal o por “ceguera mental”, enfermedad hoy en día muy común.

Mi mente además parece estar más desarrollada de lo normal o quizás solo este enferma. Sea lo que sea la verdad es que me planteo cosas que nadie se plantea y viajo a lugares a los que no llega nadie.

Mirad, os enseñaré mi mundo:


Centraos en el sonido de la lluvia y oiréis el agua de la fuente de mi jardín. Mi jardín es grande y confuso, como los laberintos de la mente. En el centro está la vieja fuente de piedra donde antes se posaban los pájaros. De la fuente brota agua negra como sangre de una herida reciente, y tiene en su base tres figuras iguales pero de rostros diferentes; una llora, la otra mira indiferente y la última no tiene rostro.

De la fuente salen tres caminos cada uno frente a una de las figuras. Normalmente tengo por costumbre coger el camino que sale de la figura que llora, quizás con el tiempo aprenda a coger otro. Es este un camino oscuro que pronto se divide en otros muchos senderos serpenteantes y fríos, cuan culebras se arrastran por debajo de las hojas secas. Es un camino que recorro muy despacio y silenciosamente, poniendo gran atención en lo que el viento susurra a mi paso. Cuanto más me adentro por estos tristes senderos más oscuro se hace el día y más frió es el aire que arremolina las hojas a mi paso. Comienzo a confundirme mientras me meto en la tormenta y hay veces que paso días enteros dando vueltas, perdida, sumida en el caos y en la inquietud, hasta que pasa la tormenta y me encuentro de nuevo a mí misma.

Aunque me pierda y a veces pase incluso miedo, esa es la parte de mi jardín que más me gusta.

En ocasiones suelo ir allí con un libro entre mis manos, me siento sobre la hierva y me pongo a espiar recuerdos. Algunos pasan delante de mí desafiantes pero los más bellos, los más dulces, los que más amo, se esconden tras los árboles y tengo que ser muy astuta para encontrarlos. A veces me equivoco y desentierro algunas lágrimas.

Los demás caminos, bueno…, no sé mucho de ellos. No suelo recorrerlos muy a menudo. El que está frente a la figura de mirada indiferente dicen que no es feo y en él siempre encuentro gente, pero no suelo caminar por él, no es la compañía lo que me pide mi alma y mucho menos lo que ahora desea mi corazón.

El último camino, el que está frente a la figura sin rostro, es un camino lleno de y nieblas y brumas que no me dejan ver más allá de mis pies. No suelo pasear por allí casi nunca, me produce demasiado miedo.

Aquí pierdo mis días, en mi querido jardín. Quizás sea un lugar al que yo le doy más importancia de la cuenta pero lo cierto es que todos tenemos un jardín aunque algunos no lo visiten nunca.


Ego

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Mi cuerpo se mecía pendulante con la butaca, pero mi espíritu había caído pesadamente a lo profundo y, entre las sombras, sollozaba cayado. No podía abrir los ojos, no quería ver a ese fantasma burlón que se reía de mí desde el rincón de aquella habitación, desde mi propio rincón, desde lo oscuro que en tiempos fuera la luz que me cegara. Aquellas carcajadas estrepitosas que no cesaban, que en cada sonido partían un pedazo de mi alma ya tan rota. Veía mi error reflejado en cada risa, proyectado con forma de sonrisa sarcástica. Ya no me quedaban lágrimas. Lloraba sangre, la sangre que había escapado de mi corazón al hacerse pedazos. Sería imposible recomponerlos, aquel payaso desde su rincón pisoteaba los fragmentos como si de un cristal roto se tratase, consciente de que cada pedazo era un sentimiento que debía destruir.

A veces veía algún que otro recuerdo pasar ante mí, a veces una sonrisa, a veces una lágrima. Pero yo seguía allí, meciéndome, ajena a aquel oscuro lugar en que se sumía mi alma, quizás porque su opio ya me tenía adormecida. Mi rostro…, bueno, dudo que fuera el rostro de alguien vivo. Mi sufrimiento era con creces merecido. Había abierto la caja de Pandora y quitado el polvo a los Pecados Capitales que tenía sobre la repisa. En frascos, sobre el estante, deje etiquetados la alegría, la felicidad, el goce,…, en un frasco más pequeño una sonrisa por si acaso y en el fondo del arcón, en una pequeña cajita, guarde mi pasión bajo llave. Quemé mis amores en la chimenea junto con mis poesías de niña y abrí el Apocalipsis. Leí. Aun en él existía el amor. Cuanto añoraba ese sentimiento que no guarde en ningún frasco, simplemente se borró por traición, paginas ardientes que volaron con el viento en medio de la lluvia. Mi cabeza daba vueltas buscando un por qué que me hiciera resurgir, cuan fénix, de mis cenizas, pero solo encontré razones por las que esparcir mis cenizas al viento y olvidarme de vivir.

La primavera se pierde, se pasa el verano, tapan las hojas del otoño las heridas del tiempo y en el invierno de mi piel, bajo la nieve, quizás brillara una florecilla con la esperanza de una nueva primavera. Pero tan ciega estaba, tan concienciada de mi perdida, que aunque el sol hubiera brillado frente a mí yo solo hubiera visto oscuridad. No se cuanto tiempo pasé así, sumida en un frío invierno, meciéndome en la butaca, pero debió de ser mucho tiempo, tanto que ansiando el calor me acostumbré al frío y ya no concebía sentir otra cosa.

Oí un golpe seco. Pensé que era mi inerte cuerpo que caía por fin a la tierra camino del polvo. El golpe sonó de nuevo pero yo no acudí ha abrir la puerta. No moví ni un músculo como los vivos, ni me levante y ande como Lázaro, ni acudí como un perro a la llamada de su amo, mas bien espere como un condenado a su verdugo, como el moribundo a la muerte, pero a esta no le hacía falta su hoz, yo ya estaba muerta.

Las puertas del cielo y el infierno estaban abiertas. Entraron sin ruido y sin que nadie se percatara pues un Dios dormía en lo alto abrazado al perdón y los demonios y criaturas jugaban con el payaso a pisotear los pedazos que quedaban de mi corazón. Creí oír un susurro que me pareció incluso tierno pero las risas lo callaban todo. Mi mirada se hallaba tan perdida que aunque quisiese fijarla en un punto solo conseguía ver sombras, fantasmas de mis pesadillas. Tan joven e ingenua era, tan inocente, que no me había dado cuenta de la enfermedad que me mataba y aun medio viva estaba muerta.

Sentí algo muy cálido en mi mejilla, algo tan cálido, (o quizás yo estaba tan fría), que me quemaba. Una voz se metió en mi cabeza. “Mi vida, he vuelto. Mírame, aquí estoy. No puedo vivir lejos de ti. Es más fácil perdonar que castigar y más si el castigo es castigo también para mí. Si hay algo que he de perdonarte ya se te perdono al nacer, no se puede condenar a la rosa por ser rosa. Perdóname tú a mí por ser tan estúpido y no comprender que la pasión es apasionada y que el fuego quema. No me abandones ahora que te he encontrado, no me digas no ahora que me he dado cuenta de que debí decir sí.”

Era inhumano. Oía las risas de fondo y pensaba que aquel cruel fantasma ya no se conformaba con burlarse de mis recuerdos, sino que jugaba con lo que quedaba de mis sueños y mis esperanzas. No sé si grité para que callaran las risas o simplemente salió de mi boca un débil gemido, no sé si me agité como loca para asustar mi propio drama o simplemente permanecí quieta, asumiéndolo. Me sentí miserable y me puse a llorar sin siquiera sollozar.

Desperté de mi egoísmo. Oí un llanto que no era el mío. Alcé la vista y distinguí algo borroso. Mi espíritu se hallaba sumido en tal cerrazón que ya no era capaz de ver el mundo, de ver vida. El miedo al dolor me había causado dolor, el miedo a la locura me había vuelto loca. Abrí los ojos todo lo que pude mas tenía la sensación de tenerlos cerrados. Vi un rostro frente a mí pero no lo reconocí. “¿Por qué lloras?”, pregunté tontamente. “Creí morir y buscando la vida he matado a lo único que me la daba. Te he perdido teniéndote a mi lado. Eras una niña y te pedí ser mujer. Mi vida, ¿qué te he hecho?” Que extrañas palabras, que extraña figura pensé. “No te acuerdas de mí siquiera.”, dijo. Toqué su mejilla como si algo me lo pidiera. Conseguí atar una lágrima suya en mi piel y, mientras mi cabeza daba vueltas en lo oscuro, mis secos labios deseaban beber sus lágrimas una a una. Se acercó a mí y me rozo suavemente los labios antes de marcharse, un beso creí recordar que era. Me quedé quieta, meciéndome. Un beso sonaba tierno, sonaba quizás hermoso, dulce. “Hazme recordar por favor”, le suplique, palabras que no salieron de mi boca, sino de un lugar de mi alma que, desesperado, intentaba aferrarse a la poca vida que tal vez me quedaba. Se acercó a mí de nuevo, me cogió y me tumbó en el frío colchón, envolviéndome entre sus brazos tiernamente. Pero yo no estaba allí, yo seguía meciéndome en la butaca, pasando las hojas del Apocalipsis. Vi a un jinete que se acercaba a mí en su caballo y con su espada me atravesó el pecho, y su cuerpo siniestro atravesó mi carne mientras el viento entonaba un “olvida”. Mis grises ojos se abrieron entre lágrimas no mías. No había risas, solo un lamento. Él me tenía entre sus brazos, mi cabeza contra su pecho oía la angustia de su corazón. Un frasco se cayó y respire su aroma. “¿Por qué lloras?”, pregunté. “Perdóname por juzgar sin ser Dios.” Se abrieron las aguas de mis pechos y entre el río de sangre vi mi corazón de nuevo. “Desde los infiernos vi tu rostro en el cielo. Derecho tienes a juzgarme, tu eres mi Dios, yo tu criatura.” Me puse a llorar. Yo le clavé el puñal y sin embargo el me curaba a mí. Me abrazó mucho más fuerte. Su deseo llenaba mis pulmones como una fragancia embriagadora. Sentía como mío su deseo de tenerme, su sed de beber de mis labios, sus ganas de hacerme volar entre sus brazos, de ser su piel, su alma. Pero no hizo nada, se quedó así, abrazándome, como si fuera un sueño y al menor movimiento fuera a escapar de su mente. Me quedé dormida con la melodía de su respiración, con las notas que acompañaban mi rezo a un Dios que me había dado la oportunidad de una nueva vida.


Un alma perdida

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Y mirar el agua y ver en tan hermoso espejo reflejada tu existencia, esa historia sin final feliz. Miles de lágrimas que consiguen ahogarte y un puñado de sonrisas que no logran darte flote.

Puedes pasar así horas, mirando entre hojas secas y gotas de agua lo que sabes que ha de pasar y que no podrás evitar. Y te convertirás en roca y tu corazón dejará de latir, pasarán los minutos y todo se hará eterno para ti.

La piel comienza a agrietarse, el musgo a cubrir tu tez y tus ojos se secan mientras sigue pasando la vida ante ellos. No hay otra salida, ya eres presa del destino, es imposible alejar la mirada de él. Tiene un brillo especial, un tinte oscuro, un halo de misterio y una gota de sinceridad.

Sigue pasando el tiempo, y sigues mirando el reflejo de tu vida en el agua corrompida de esta tierra húmeda y fría. Tus cabellos tornarán blancos y tus sueños volarán como las alas que te arrebatarán. No te queda nada Alma, solo hacerte estatua de tu triste historia, solo ahogar tus gestos en un mar de sentimientos y suspirar con el viento.

Oh muerte

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Oh muerte que vienes a buscarme,
en mi deseo encuentras tu placer,
acuesta tu esqueleto en mi pecho
y acaricia con tus fríos huesos mi piel.


Mi tentación es consumirme a tu lado,
besar tus descarnados labios,
perderme en el vacío de tus cuencas,
cubrirme con tu oscuridad...

Oh muerte que vienes a buscarme,
sacia mi placer una noche más,
aléjame de la soledad,
duerme junto a mí por favor...
solo, solo una noche más.

En el silencio

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En el silencio oigo tu voz,
en la soledad tu mano sobre mi hombro,
miro atrás y no te veo, pero se que estas ahí, junto a mí.

El cariño es mas fuerte que la distancia,
la espera un pequeño reto más,
mi tumba un dulce final al que tú me acompañarás.

Dime sangre de mi venas, ¿por quien suspira este corazón?

Caminaré en soledad acompañada de tu recuerdo,
miraré el vació y veré tu sonrisa,
besaré el aire y sentiré tus labios.

Sentir

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Quien pudiera en su sentir tristemente
sentir lo que yo sintiera,
sentir al tenerte en mis brazos
que yo sin ti no viviera.


Sentir sintiéndome alegre
que hay sonrisa en la tristeza,
sentir en lo ya sentido
que la esperanza no merma,
que tú serás siempre ese príncipe
y yo seré tu princesa.

Me duele

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Me duelen...
me duelen todas esas palabras que no de dijeron,
todos esos sueños que no se cumplieron,
esas ilusiones que se perdieron.

Me duelen...
me duelen esas miradas que se escondieron,
esas caricias que de mi no salieron,
todos esos pasos que en la tierra se hundieron.


Me duele...
que en mi mente un recuerdo permanezca atrapado,
que mi alma suspire cuando estás a mi lado,
me duele no poder borrar el pasado.

Me duele...
y me duele mucho prometerme a mi misma
lo que no puede ser.

Me duele querer olvidarte
y no poderlo hacer.

13/09/07

Dónde

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Dónde estás azul del cielo,
paloma que llenas de blanco mi despertar,
inmensa felicidad...

Dónde estás alegría perdida,
sueño que voló sin más,
ganas de andar...

Y rozando el hielo mi alma
sangra mi corazón el llorar
de pena...
... porque no estás.


Buscando en las sombras un pedazo
de lo que no fue real,
sollozando sin ganas,
asumiendo mi soledad.

Tragando el polvo que otros
me dejan en su pasar.

Dónde estarás sueño...
... de amargo despertar.

No te he visto

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Gritaré al cielo que no te he visto,
que no eras tu a quien yo perseguía en sueños.

Diré a las estrellas que bajen
y me ayuden a no salir del camino.

Diré que solo fue un sueño interrumpido.

Negaré que conozco tu cuerpo,
que a ciegas he caminado en tu pecho.

Y cruzaré ese callejón
donde perdí unos besos
que prueban que ayer
tú y yo no estábamos tan lejos.

Miro a mi alrededor
y me pregunto si es esto
lo que siempre tuve en mi pensamiento.


Gritaré al cielo que no te he visto,
que no es por ti que estoy en este laberinto.

Diré que no lloré tras esa puerta
en la que a golpes pedí clemencia.

Caminaré por mis recuerdos
y recordaré mi pena.

Lucharé por olvidar que negué lo que era,
que renuncié a mi vida
por tenerte cerca.

Y cruzaré ese callejón
donde perdí unos besos
que prueban que ayer
tú y yo no estábamos tan lejos.

Borraré de mis ojos
la senda hacia los tuyos.

Y no te preocupes...
no te he visto.

Caen copos

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Caen copos...
copos de fuego
porque en el azul del cielo
solo cabe el arrepentimiento.


Y hay una luz al final de mi senda
que me llama,
me invita a recordar
tiempos de ayer
y de nunca más.

Sombras que hace la luz
que traspasa mi mirada,
al oír ese canto
de tu voz al llamarme
... esperanza.

12/09/07

Hablando con Melancolía

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- Melancolía, ¿qué quiere? ¿Qué vienes de mí a buscar?
- Vengo a darte compañía y ver en que estado estás.
- ¿Qué compañía puedes darme más de la que me da Soledad?
- Vengo a empañarte de recuerdos y con ellos sacarte a pasear.
- Vete Melancolía, déjame, déjame con mi Soledad, no me tortures con recuerdos, con cosas pasadas que no volverán.
- ¿Quieres quedarte aquí sola sin pensar que pudo pasar? ¿Sin pensar que de aquello fue bueno y que puede todavía pasar?
- Pasar pasó lo pasado, y no volverá a pasar. Apártate de mi lado para que pueda volver a caminar, caminar mirando adelante y dejando el pasado atrás.

11/09/07

Si tú estás a mi lado

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Si tú estás a mi lado todo lo tengo:
alegría, felicidad, paz...
Si tú estás a mi lado nada más quiero,
llenas con tu presencia de goces
mi alma entera suspirando.


Mi corazón en tus manos late,
en tu mirar profundo y dulce, transparente
cristal que desnuda pensamientos
y me hace libre, soñadora de recuerdos
que vive fantasía despierta.

Si tú estás a mi lado la vida es sueño,
pero tengo miedo,
miedo de despertar y ver que no estás aquí,
que sigues lejos.

Hielo que abrasa

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Hielo que abrasa,
rayo de sol que hiela mi alma,
oscuridad en la que el camino encuentro,
luz que mis ojos ciega,
euforia que aun siendo alegría,
mucho me incomoda y entristece mi alma.

Nervios que me excitan,
cuan nerviosa me ponen
y que deseosa estoy de ellos.


Paz intranquila,
intranquilidad tensa que condensa paz,
vida eterna que a segundos muere,
muerte perpetua que a instantes renace,
pecado necesario de la condición humana,
flor que entre la escarcha muestra
sus más bellos colores en invierno
y aun con pleno sol nunca se seca.

Misterio descubierto,
mas aun no descifrado,
lágrimas de euforia, gozo y pena,
que en mi silencio dicen más que palabras,
palabras vacías que a el alma llegan,
fantasías y sueños despiertos
que la cordura nublan.

Luz de penumbra,
que en oscuridad luminosa,
mi fogoso corazón de inquietud llenas,
nervios que estallan en intenso fulgor en un momento,
cuan más alegre más llora
una vez llegada la hora
que a bien se nos hace eterna.

Cuan grande es el sufrimiento

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Cuan grande es el sufrimiento,
cuan enorme la tristeza
que pesa en el corazón
al recordar la belleza
de aquellos buenos momentos
que a mi mente atormentan,
pues muy bien esta comprende
que nunca más volverán,
que no volverán las risas,
que ya no hay sueños, !despierta!,
que el amor ya se pasó,
que ya no hay mas belleza
que la que tiene una flor.


Solo un llanto encuentro en esta,
en esta mi soledad,
nada más que una tristeza
en un oscuro lugar,
que en este lugar contemplan
cada atardecer mis ojos,
y también al despertar,
como el tiempo se es pasado
y ya nunca volverá,
cada segundo perdido
en mi corazón recaerá,
cada segundo pasado,
todo por lo que se pelea,
cada uno de esos momentos,
momentos de gran belleza,
todos ellos olvidados
por un amargo despertar
que entre sabanas oscuras
solo a la muerte nos lleva.

10/09/07

Enamorada de un alma

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Enamorada de un alma
que ya no está aquí
y a mi lado reposa,
cerca de mi corazón
casi mi alma roza.

Encerrada en un tiempo
y sin tiempo de hacer nada,
locura de mi mente
que mi corazón atormenta,
alma que por mi cuerpo respira
y sin necesidad a la tierra se ata.


¿Es la muerte libertad?
Encerrado en materia
mi deseo se halla,
volará mi alma
al final de los días eternos;
cuanto más al final esperas
más tarde llega,
y cuando no lo esperas
llega en un momento.

Oh cruel destino
que noche tras noche
mis ojos abres,
que mis sueños interrumpes
y mi alma torturas,
¿podré soñar tranquila algún día?

Cuando mis ojos
pesados se cierren
para no abrirse más
entonces ya no me despertarás.

Herida en sentimiento

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Oh frías perlas,
que de acristalados ojos caen
en fresca melodía,
llorando mi pena se hallan,
dragones y fénix
que por los cielos vuelan,
pues a mí ya
lágrimas no me quedan.

De mis pupilas
rojos ríos desembocan
en tan profundo mar de lágrimas,
profundo mar en las costas
de mis pechos.


Profunda herida de amor,
cual potente fuente
sangre brota de mi llaga,
pues con mortal lanza
atravesó mi pecho,
partiome en dos de arriba abajo,
desnudó mi alma
hasta el vacío,
mi corazón profanó
hasta sus más ocultos rincones.

Y tirada en el suelo,
ahogada en mi llanto,
herida en sentimiento así,
dejome muerta.

Allá donde nadie ve nada

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Veo luz en la oscuridad de mi alma.
Allá donde nadie ve nada,
allá crecen mis rosas entre las escarcha.


Donde el frió me abriga
y la soledad me acompaña,
allá, donde nadie ve nada,
allá estaré yo con mi alma.